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sábado, 14 de febrero de 2015

EROS Y POESÍA GRIEGA. Traducciones de Aurora Luque



EROS Y POESÍA GRIEGA

P A B L O S I L E N C I A R I O

Muralla de Semíramis


Quitémonos, hermosa, nuestras ropas. Que los miembros desnudos
se acerquen a trenzarse unos con otros.
Que no haya nada en medio. Como aquella muralla de Semíramis
se me antoja tu túnica tan fina.
Que los pechos se ensamblen y los labios. Lo demás en silencio
debe ser ocultado. Aborrezco las bocas que no cierran.


ANÓNIMO

No volveré a querer

No volveré a querer. Lidié con tres pasiones: por una cortesana,
por una jovencita y otra se me encendió por un muchacho.
He sufrido por todo. Extenuado quedé de implorar a las puertas
de la hetera, enemigas del que nada tenía.
Tendido a todas horas en su pórtico y siempre desvelado
llegué a dar sólo un beso delicioso a la niña.
Ay de mí, ¿cómo relataré el tercer incendio? Del chico aquel
sólo alcancé miradas y esperanzas vacías.



MELEAGRO

Brindis a solas

Llena la copa y dilo una vez más y otra: -Por Heliodora. Dilo,
combina el nombre dulce con el vino más puro.
Y, empapada de esencia y ya de ayer,
cíñeme la guirnalda, en su memoria.
Mira: la rosa llora, cómplice, porque a ella
la sabe en otra parte, no en mis brazos.


Súplica


Tan sólo esto te pido, gran madre de los dioses, Noche amada,
sí, te lo pido, sí, cómplice y regia Noche:
si alguno, arrebatado, debajo de la colcha de Heliodora
se derrite y se funde con su piel hechicera,
que se apague el candil, y el tipo, en su regazo,
cual segundo Endimión quede abatido





N O S I S



Lo más dulce

-Nada es más dulce que el amor. Las demás alegrías
son secundarias; hasta la miel rechazo de mi boca.
Así habla Nosis: aquél a quien Cipris no ha amado
no conoce qué rosas son sus flores.



HÉDILO

In vino veritas

El vino y unos brindis muy traidores tumbaron a Aglaonice
(también el amor tierno de Nicágoras).
Y sus prendas, rociadas de perfume -los húmedos despojos
de unos deseos nuevos- son ya ofrendas a Cipris:
las sandalias, las bandas delicadas que desnudó del pecho,
testimonios de un sueño y de los vehementes abrazos de aquel día.


CALÍMACO

Conjuros contra Eros

Qué buen encantamiento descubrió Polifemo
para el enamorado. Por la Tierra, que no era tonto el cíclope.
Las Musas, sí, Filipo, la pasión debilitan:
su técnica es la droga que todo lo remedia.
El hambre y el poema son la única terapia
-creo yo- para el mal: extirpa la dolencia
de querer a los chicos… Puedo decirle a Eros
muy tranquilo: -Niñato, córtate ya las alas.
Ni una pizca te temo porque tengo en mi casa
conjuros de dos clases para tus golpes crueles.



EURÍPIDES

El orgullo de ser derrotados por Eros

Nodriza:

-Amas. ¿Por qué te extrañas? ¡Como tantos humanos!
¿Vas a perder la vida por culpa de un amor?
Poca ventaja tienen los que aman -y todos los amantes del futuro-
si se ven obligados a morir.
Cipris no es llevadera si avasalla con ímpetu:
al dócil con dulzura lo acompaña
mas al que encuentra altivo y orgulloso
a ése -créeme- lo atrapa y lo tortura.
Va y viene por el éter y está entre el oleaje
del mar: todo brotó de Cipris.
Ella es la sembradora, la que otorga el deseo
del que todos los seres somos hijos.
Cuantos guardan escritos de los antepasados
y ésos que están en trato continuo con las Musas
saben que antaño Zeus deseó el lecho
de Sémele, y saben que por culpa del amor
la Aurora de luz grata raptó a Céfalo
y lo acercó a los dioses: habitan en el cielo,
no se esconden de nadie; antes pienso que sienten
el orgullo de ser derrotados por Eros.

El extranjero

Se cuenta que ha llegado un extranjero,
-un cantor de conjuros, un mago- desde Lidia
de melena rizada, bien perfumada y rubia,
sus ojos color vino con las gracias de Cipris.
Cuentan que con las jóvenes pasa noches y días
desplegando ante ellas sus misterios y gritos.




S Ó F O C L E S

Triunfo de Eros


Eros incombatible en la batalla,
Eros, tú que te arrojas contra las fortunas
y en las mejillas tiernas de una joven
pasas toda la noche;
por el mar vas y vienes
y por los patios de los campesinos:
nadie es tu fugitivo, ni el inmortal ni el hombre
que sólo un día dura. El que a ti te posee
por la locura queda poseído.


Tú arrastras a la ruina las almas ya sin juicio
de los antes juiciosos
e incluso esta discordia has provocado
entre varones de una misma sangre.
Pero triunfa el deseo que irradia de los ojos
de una novia de lecho deseable.
Eros que participas del origen
de las leyes sagradas: sin resistencia juega
la divina Afrodita...


E S C O L I O S Á T I C O S A N Ó N I M O S




La lira de marfil

Ojalá que pudiera convertirme
en una hermosa lira de marfil
y unos chicos muy guapos me llevaran
al baile de Dioniso.


Camarada

-Bebe conmigo, pasa
tu juventud conmigo,
ama conmigo, ponte
conmigo las guirnaldas,
vuélvete loco cuando yo esté loco,
cuando yo sea sensato sé sensato.





ANACREONTE


Los dados de Eros


Con riñas y locuras
juega a los dados Eros.


Cleóbulo


De Cleóbulo estoy enamorado,
por Cleóbulo estoy aun más que loco,
a Cleóbulo mis ojos lo persiguen.



Í B I C O

Como el Bóreas


En primavera los membrilleros
regados con el agua de los ríos
-allí donde está el huerto inmaculado
de las Vírgenes- y la flor de la vid
a la sombra crecida de pámpanos vinosos
alcanzan lozanía.
Pero Eros conmigo
en ninguna estación se da reposo:
como si fuera el Bóreas de Tracia
por un rayo excitado,
volando deja a Cipris, y con delirios ásperos,
tenebroso e intrépido
y poderosamente y desde el fondo
sacude mis entrañas.


SAFO



Lo que una ama

Dicen unos que una tropa de jinetes, otros la infantería
y otros que una escuadra de navíos, sobre la tierra
oscura es lo más bello: mas yo digo
que es lo que una ama.

Y es muy fácil hacerlo comprensible
a todos: pues aquella que tanto destacaba
en belleza entre todos los humanos, Helena,
a su muy noble esposo

dejándolo tras sí marchó a Troya embarcada
y en nada de su hija o de sus padres
amados se acordó, sino que la sedujo
Cipris.

………
………
Porque ahora me has hecho recordar a Anactoria
que no está junto a mí

y de ella quisiera contemplar
su andar que inspira amor y el centelleo radiante de su rostro
antes que los carruajes de los lidios y antes que los soldados
en pie de guerra.


La pasión


Un igual a los dioses me parece
el hombre aquel que frente a ti se sienta
de cerca y cuando dulcemente hablas
te escucha, y cuando ríes

seductora. Esto - no hay duda- hace
mi corazón volcar dentro del pecho.
Miro hacia ti un instante y de mi voz
ni un hilo ya me acude,

la lengua queda inerte y un sutil
fuego bajo la piel fluye ligero
y con mis ojos nada alcanzo a ver
y zumban mis oídos;

me desborda el sudor, toda me invade
un temblor, y más pálida me vuelvo
que la hierba. No falta - me parece-
mucho para estar muerta.



Dulce animal amargo

Me arrastra -otra vez- Eros, que desmaya los miembros,
dulce animal amargo que repta irresistible.


M I M N E R M O

Sin Afrodita

¿Qué modo de vivir o qué placer habrá sin Afrodita?
Muerto quisiera estar cuando ya no me importen
ni la pasión furtiva ni la cama ni los favores dulces como miel
-flores de juventud tan codiciables
para hombres y mujeres. Y es que cuando penosa se abate la vejez
que vuelve repugnante incluso al hombre hermoso
le desgastan sin tregua el corazón los sórdidos problemas
y no siente placer al ver el sol radiante: a los muchachos
se hace odioso, y desprecio se gana entre las jóvenes.
Así de dura hicieron los dioses la vejez.







A R Q U Í L O C O
Niebla en los ojos

Un ansia tal de amor al corazón metió en un torbellino
y derramó en los ojos niebla espesa
robándome del pecho las más tiernas entrañas.


Ni yambos ni placeres

Pero a mí, compañero, me domina el Deseo
que deja el cuerpo lánguido
y no me importan ya ni yambos ni placeres.


Hasta los huesos

El Deseo me tiene rodeado y exánime,
miserable de mí, con agudos dolores - los dioses lo han querido-
hasta los mismos huesos perforado.


H E S Í O D O

Eros en el origen

Al principio de todo existió el Caos; después surgió la Tierra
de ancho seno, asiento desde siempre inconmovible
de los dioses, los dueños de las cimas del Olimpo nevado.
Y luego nació Eros, el más hermoso entre los inmortales,
el que desmaya el cuerpo y de los dioses todos y los hombres
somete, en las entrañas, su voluntad prudente y su sentido.






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